10.000 y Arquitectura para el Público. Parte I.
Por fin vuelvo a publicar un post
después de varias semanas sin dar señales de vida. Creo que el hecho de haber superado las
10.000 visitas en el blog, así como que en Enero próximo se hará un año del
lanzamiento de Arquitectura para el Público, se merece que me presente de una
manera formal a los lectores más habituales y menos habituales de mis líneas.
Esta presentación tardía la hago
de manera consciente. Soy una persona que prefiere que los actos hablen más que
las palabras. ¿Qué mejor manera de darse a conocer que escribiendo artículos
durante un año entorno a lo que a uno le apasiona y le sustenta para vivir?
Aún así, he decidido que este
artículo sea una presentación más formal. El artículo está dividido en varios
posts que iré publicando a lo largo de los próximos días. En esta primera parte
hablaré de mis inicios en la arquitectura.
Una de las primeras preguntas que
me hacen cuando conozco a alguien es porqué decidí ser arquitecto.
Soy uno de esos profesionales “de
vocación”, una vocación que nació en mí
no sé muy bien cuándo ni porqué. He querido ser arquitecto desde que mi memoria
recuerda, y ya muy pequeñito, con 8 o 9 años, me acuerdo intentando dibujar el
plano de mi casa en un papel de cuadrícula arrancado del típico cuaderno de
espiral.
Esta fijación por la arquitectura
es muy curiosa porque no hay nadie en mi familia que haya sido arquitecto ni
que tenga nada que ver con el mundo del arte o la construcción. Lo más próximo a un
arquitecto en mi familia es mi padre, que estudió Ingeniería Industrial, pero
que jamás ha ejercido como tal.
No voy a descubrir nada diciendo
que la carrera de arquitectura es muy complicada. No tanto por la dificultad de
los estudios en sí, que también, si no sobre todo por la cantidad de horas que
es necesario dedicarle, la mayoría de las veces con escasa recompensa.
Allá por 2001 comencé la carrera
con mucha ilusión. Por fin iba a poder estudiar lo que siempre había querido.
Aunque mis estudios no fueron precisamente un camino de rosas, sí hubo momentos
que sirvieron para darme cuenta de que mi obsesión desde pequeño tenía una
justificación y que verdaderamente yo estaba hecho para ser arquitecto. Todo
esto a pesar de que algún profesor se empeñara en hacerme la vida imposible.
Todavía recuerdo un profesor burlándose de un proyecto mío en el cual había
puesto todo el esfuerzo posible sabiendo que mi trabajo sería mirado con lupa por él. No sólo me
dijo que la arquitectura no estaba en los pequeños detalles (para mí a día de
hoy es todo lo contrario, es más los detalles en la arquitectura es una de mis premisas) sino que además me dio el consejo de que quizás
debería replantearme mi futuro profesional.
Este profesor me hizo perder un
año de carrera, pero si algo he aprendido en la vida, y mi madre me lo ha recordado hasta la saciedad desde que era pequeño, es que todo tiene una
razón de ser. Si uno tiene confianza, ganas e ilusión, rápidamente se da cuenta de que
las cosas negativas son oportunidades para cosas muy positivas.
Hay muchos videos motivacionales
en internet, pero sin duda el que más me ha marcado es el discurso de fin de
curso que dio Steve Jobs en la Universidad de Stanford en 2005. En él Steve
Jobs habla acerca de que es imposible comprender por qué suceden las cosas en
el momento en que nos ocurren. Sólo podemos comprender lo sucedido cuando ha
pasado el tiempo y miramos hacia atrás. Es en ese momento cuando podemos ir
conectando los puntos que han ido formando nuestro camino.
Pues bien, a lo largo de mi
carrera de estudiante y profesional ha pasado algo parecido. Aquel profesor de
la universidad, a pesar de todo el empeño que puse para aprobar, finalmente me
suspendió. Durante muchos meses maldije mi suerte y sobre todo a este profesor
que se había interpuesto en mi camino para hacerme perder un año de carrera de
manera injustificada. Lo que no sabía es que al año siguiente, y gracias a
repetir curso, tuve la oportunidad de presentarme al concurso Fundación Asprima para jóvenes arquitectos
y estudiantes de último año para proponer una estación de AVE en Madrid. Quedé tercero en este concurso a pesar de que me
presenté sólo. Nunca olvidaré aquella noche en la gala de entrega de premios,
en la que acompañado de mi mujer, que en aquella época aún era mi novia, vino a
presentárseme el mismísimo Rafael de la Hoz que me felicitó por la “hombrada”, según
sus palabras, de haber quedado tercero en un concurso con arquitectos ya
licenciados y en el que el resto de ganadores eran equipos de cuatro o cinco
personas.
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| Proposición premiada para una estación de Ave en Madrid. |
Este es el tipo de cosas que te
demuestran que vas en el camino correcto. Los puntos se iban conectando.
Tres años antes de terminar la
carrera, y un par de años antes de haber ganado este premio, empecé a trabajar
en un pequeño estudio de arquitectura llamado DeTres. Todo empezó un verano en
el que decidí ir ofrecerme para dar clases de inglés y dibujo técnico. Durante una mañana recorrí la urbanización donde vivía dejando papeles en todos los coches. En ellos decía algo así
como “joven estudiante de arquitectura se ofrece para dar clases de inglés y
dibujo técnico”. El destino quiso que uno de estos papeles fuese a parar al
parabrisas del dueño de DeTres, Jose Manuel Picó. He de decir que hasta el día
de hoy ha sido el arquitecto del que más he aprendido. No sólo me enseñó lo que
es la profesión, si no que me ayudó y apoyó en los momentos duros de la
carrera. Recuerdo quedar con él a corregir algún proyecto de la universidad ya
muy tarde entre semana, bien en su casa o en el estudio. El concurso en el que gané el
premio también se lo enseñé, aunque fue de las pocas veces que me dijo “Hay poco
que mejorar, creo que vas a ganar”. José Picó fue de las primeras personas a las que
llamé cuando gané el premio y aún recuerdo sus sabias palabras “Recuerda, ni
eres tan malo en los momentos malos, ni eres tan bueno en los momentos buenos.
Disfruta el momento, te lo mereces.” En aquella ocasión no comprendía bien sus
palabras, pero el tiempo ha hecho que me diese cuenta de que es uno de los
consejos más sabios que nunca nadie me ha dado.
Finalmente llegó el día en el que
terminé el proyecto fin de carrera y ya podía considerarme un arquitecto en
toda regla. Todos mis años de estudio en la universidad coincidieron con el “boom”
de la construcción en España, donde había habido trabajo para dar y tomar para todos los
arquitectos. La mala suerte quiso que terminase la carrera justo cuando golpeó la crisis de manera despiadada. Miles de estudios
cerraron y miles de arquitectos perdieron sus puesto de trabajo. La gallina de
los huevos de oro en España había muerto.
Es curioso que al igual que
desde muy pequeño tuve muy claro que terminaría siendo arquitecto, también desde
muy joven tuve claro que terminaría viviendo en el extranjero. De la misma
manera que ocurrió con la arquitectura, tuve una gran fijación por ello. Debido
a esta determinación, desde muy pequeño le
presté mucha atención al inglés, y
gracias a mis padres pude irme varios veranos a estudiar al extranjero. A día
de hoy pienso que el poder estudiar inglés es el mejor regalo que han podido
hacerme mis padres. El saber idiomas en la actualidad es más importante que un
máster o un doctorado para poder tener más oportunidades de empleo.
Cuando terminé la carrera tenía clarísimo que quería irme fuera de España a trabajar, ya no sólo por la crisis,
si no porque esa había sido mi idea desde siempre. Me acuerdo preparando mi
primer portfolio de proyectos en inglés con toda la ilusión del mundo, en mi habitación de casa de mis padres, durante
horas y horas. Mi idea era irme al
Reino Unido porque trabajar en Estados Unidos era demasiado complicado debido al tema de la
visa y a la problemática de desplazarme hasta allí si recibía una propuesta para una entrevista de
trabajo. Durante varios meses envié e-mails a prácticamente todos los estudios
del Reino Unido, también de Holanda. Más tarde lo intentaría mandando mi
portfolio impreso por correo. Todas las respuestas, si es que las había, eran
negativas. En un momento dado tuve una proposición para ir a trabajar a un estudio en Libia.
Finalmente desestimé esa opción cuando estaba ya esperando
los papeles de la visa. Aparte de las objeciones de mi familia diciendo que no
era un país para fiarse, también contacté con un chico catalán recién
contratado por esta misma oficina. Hablando con él me aconsejó que no fuese allí
porque las condiciones de trabajo eran nefastas y la ciudad era extremadamente
dura para vivir. Esto me terminó de convencer para llamar a la oficina y
decirles que finalmente desestimaba su oferta.
Meses después, y ya después de la revolución
en Libia, este chico me contó la aventura que vivió huyendo de Trípoli junto a
su mujer a toda prisa, gracias a un avión que fletó la compañía de su esposa,
Repsol. El día anterior, y después de haber escuchado varios disparos en la
calle, el jefe del estudio de arquitectura intentó tranquilizar a los
arquitectos diciendo que lo que estaba ocurriendo era algo normal y pasaría
pronto. Nadie debía dejar su puesto de trabajo. Todos sabemos lo que ocurrió en
Libia durante las semanas siguientes.
![]() |
| Revolución Libia, 2011. |
Después de esta oferta que me
hizo la oficina de Trípoli, conseguí tener un par de entrevistas en Londres,
pero no me cogieron por mi falta de experiencia en el país. Al mismo tiempo,
intentado tirar de contactos, fui teniendo entrevistas esporádicas con algún
arquitecto conocido, o conocido de conocido de algún familiar, pero la respuesta era
siempre la misma: No hay trabajo, te llamaremos si surge algo. Debido a que en
mi familia no había arquitectos, ni nadie relacionado con el mundillo, no había
muchos contactos de los que poder tirar, así que la cosa estaba muy complicada.
Además yo siempre había soñado con trabajar con los mejores, y en ese momento
ya estaba visitando arquitectos cuyos proyectos no me invitaban precisamente a
soñar.
Estaba muy desanimado. Ser
arquitecto era mi ilusión de toda la vida, y ahora que por fin lo era no encontraba
ningún sitio para trabajar, ya no solamente en las oficinas que me gustaban,
sino en cualquiera. Durante años había estudiado inglés, y pensaba que gracias
a eso podría trabajar en el extranjero, pero ni aún así conseguía nada.
Finalmente un día, a principios
de Diciembre, mi mujer, que por aquel entonces continuaba siendo mi novia, me
preguntó: “¿Por qué no mandas tu portfolio a otros países en los que no se
hable inglés? Quizás te estás empeñando demasiado con los países de habla
inglesa, y por lo que se ve están saturados. Deberías probar en otro país,
aunque no hables su idioma, quizás estén menos solicitados y al no ser de habla inglesa
habrá menos gente de fuera intentando trabajar allí. ”
Aunque pensaba que esto no iba a
funcionar, pero no tenía nada que perder, estaba desesperado. Así que mandé mis
proyectos por toda Europa. Días después empezaron a llegar respuestas negativas
desde todos los rincones, en alemán, noruego, sueco, italiano, etc, etc… Ya estaba perdiendo de nuevo la esperanza cuando un día recibí un e-mail de un
estudio de París. Imagínense mi alegría. No había ganado aún nada, pero de
verdad que no me esperaba que me llamaran de un país del que no hablaba su
lengua. Y no de cualquier sitio, ¡París nada más y nada menos! Además vi que el
estudio tenía muy buena pinta, e incluso la dueña del estudio, una tal Odile Decq aparecía en
algún libro de arquitectura que tenía por casa. No sabía en ese momento que mi
viaje acababa de comenzar, y que mi vida como la conocía cambiaría para
siempre. Continuará…
*Consejo de lectura: Todas las palabras en negrita y subrayadas contienen enlaces en los que se puede clikar.


Querido Carlos,
ResponderEliminarNo puedo estar más de acuerdo en que la vida, te va sorprendiendo día a día. Te pone a disposición caminos que, a priori, no te apetece nada empezar a andar y conforme los avanzas, vas comprendiendo el sentido de haberlo hecho; los has iniciado con ganas o sin ellas, pero sorprende el paisaje y sorprende el paisanaje que encuentras. Y este camino no querido te cambia la vida, te hace más fuerte, más adaptativo, mejor persona incluso.
Ese profesor, aunque no deja de ser un cabronazo, puso, sin querer, a tu disposición un camino que te ha llevado a Londres hoy y que te llevará donde quieras en el futuro.
Abrazos fuertes, querido Carlos.
Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Mucho me queda por aprender todavía, sobre todo a saber disfrutar del camino. Un gran abrazo Pedro.
EliminarQue hermosas palabras, con este blog me animaste demasiado a seguir estudiando arquitectura, y a darle sentido, a lo que realmente me apasiona, gracias!
ResponderEliminarEstimado lector, antes de nada muchas gracias por leerme y por dejar un comentario. Me alegra tremendamente que mis líneas te animen a seguir estudiando. Es un camino difícil, no sólo la carrera, sino también la vida profesional. Pero al final, si es lo que amas, merece la pena. Te deseo mucha suerte. Un saludo.
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